Floración blanca de mayo y bayas hasta el invierno
Espino albar · Crataegus monogyna
El espino albar figura en la flora ibérica como pieza estructural de orlas y setos vivos. Diaplant lo ofrece en formato de ejemplar formado, listo para proyectos de restauración paisajística y para alineaciones rurales con función biológica.
- Resistente a la sequía una vez establecido, con riego de apoyo solo los primeros veranos.
- Tolera bien los inviernos continentales de la meseta y el calor del interior.
- Floración blanca abundante a finales de mayo, seguida de bayas rojas hasta el invierno.
Sobre esta especie
Especie sobradamente conocida por el profesional ibérico, Crataegus monogyna forma un arbolillo de copa redondeada y densa, de 5 a 10 m de altura por 4 a 8 m de envergadura, con ramificación espinosa. El ejemplar de vivero formado en campo se distingue del material forestal porteado: conducción a fuste único o a varias guías estables, copa ya cerrada, lo que ahorra al proyecto los años de modelado que exige el calibre pequeño.
En cuanto a comportamiento, es uno de los caducifolios autóctonos más versátiles del cuadrante peninsular. Resiste sin daño foliar heladas de hasta 25 °C bajo cero, lo que cubre toda la meseta norte, el valle del Ebro y los enclaves continentales del Sistema Ibérico. Acepta suelos calcáreos, arcillosos pesados, pedregosos y pobres con facilidad, y la sequía estival prolongada del centro y sureste peninsular una vez establecido, gracias a un sistema radicular pivotante profundo bien documentado en regeneración natural.
En la paleta del paisajista ocupa una…
Especie sobradamente conocida por el profesional ibérico, Crataegus monogyna forma un arbolillo de copa redondeada y densa, de 5 a 10 m de altura por 4 a 8 m de envergadura, con ramificación espinosa. El ejemplar de vivero formado en campo se distingue del material forestal porteado: conducción a fuste único o a varias guías estables, copa ya cerrada, lo que ahorra al proyecto los años de modelado que exige el calibre pequeño.
En cuanto a comportamiento, es uno de los caducifolios autóctonos más versátiles del cuadrante peninsular. Resiste sin daño foliar heladas de hasta 25 °C bajo cero, lo que cubre toda la meseta norte, el valle del Ebro y los enclaves continentales del Sistema Ibérico. Acepta suelos calcáreos, arcillosos pesados, pedregosos y pobres con facilidad, y la sequía estival prolongada del centro y sureste peninsular una vez establecido, gracias a un sistema radicular pivotante profundo bien documentado en regeneración natural.
En la paleta del paisajista ocupa una posición complementaria a la del almez (Celtis australis) y la del fresno menor: copa más baja, hábito más arbustivo, pero idéntica frugalidad hídrica y mejor comportamiento en alcorques de pueblo y bordes de camino. Su ramificación espinosa y la floración blanca en mayo lo hacen pieza obligada en setos vivos rurales, deslindes de finca y orlas de regeneración forestal, especialmente cuando se busca compatibilidad con encinares aclarados o riberas degradadas.
Conviene tenerlo presente como especie autóctona reconocida en los catálogos regionales de muchas comunidades autónomas, lo que simplifica su inclusión en pliegos de restauración paisajística y proyectos con cofinanciación europea. Sus pomos rojos persistentes prolongan el interés ornamental hasta bien entrado el invierno y sostienen avifauna frugívora, dato relevante para proyectos con criterios de valoración ambiental tipo Norma Granada o equivalentes.
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