Nuestra historia

Nuestra historia

Un árbol que vivirá cien años en su jardín pasa los primeros en el nuestro. Cada tres a cinco años lo levantamos del suelo y esculpimos sus raíces con una poda cuidadosa que, repetida a lo largo de la vida del árbol, va formando bajo tierra un cepellón denso y autosuficiente. Cuando el árbol emprende por fin su viaje, lleva consigo todo lo que necesita para volver a arraigar.

Nuestro fundador, Carlos Azevedo, aprendió este método de viveristas alemanes y neerlandeses y lo trajo a treinta y tres hectáreas de terreno abierto en Amarante, en el invierno de 2009. Sus primeros clientes fueron precisamente esos viveristas del norte de Europa, gente que exigía que cada ejemplar superara el trasplante con la precisión de un reloj. Con ellos tomó forma nuestro nivel de exigencia, antes incluso de tener nombre.

Después, los encargos empezaron a llegar más cerca de casa. Clientes particulares que levantaban su finca, promotores con proyectos que no podían esperar, paisajes por Portugal y España que pedían árboles adultos. Tras años viendo su trabajo cruzar fronteras, la familia podía por fin ver sus árboles arraigar en su propio suelo. Para garantizar que cada ejemplar llegara tal como salía del campo, creamos un estudio de arquitectura paisajista y formamos un equipo de instalación: una cadena ininterrumpida del campo al camión y al jardín. Hoy Diaplant opera en tres divisiones integradas: producción, proyecto e instalación.

Carlos sigue en el campo, donde siempre ha estado. Su hijo Cláudio, formado en genética vegetal, dirige el área comercial y el estudio. El resto de la familia también está aquí: este es un negocio familiar en el sentido más pleno, construido en torno a los mismos árboles y a la misma mesa. Cultivamos estos árboles para que usted no tenga que esperarlos, y los instalamos con las mismas manos que los plantaron, podaron y moldearon.

De nuestro campo a su jardín. Concierte su visita a Amarante.